La verdadera naturaleza de las ideas
Las campañas electorales suelen estar cargadas de promesas, consignas y discursos cuidadosamente elaborados para conquistar el voto ciudadano. Sin embargo, una vez finalizada la contienda política, llega el momento en que las ideas abandonan el plano teórico y comienzan a manifestarse en la realidad. Sostengo firmemente que es precisamente en ese momento cuando resulta posible conocer la verdadera naturaleza de una ideología: no por lo que promete, sino por la conducta que inspira en sus dirigentes, en sus militantes y en quienes actúan en su nombre.
Las ideologías no deben ser juzgadas por la belleza de sus discursos, sino por sus resultados concretos.
Desde esta perspectiva, uno de los indicadores más claros consiste en observar cómo reaccionan los distintos sectores políticos cuando pierden el poder o cuando el resultado de una elección les resulta adverso. En diversos países de América Latina —como Chile, Bolivia, Honduras y Ecuador— se advierte un fenómeno que se repite con frecuencia: cuando un gobierno de izquierda es reemplazado por uno de derecha, la respuesta no es la aceptación institucional, sino la agitación, los disturbios y las acciones destinadas a alterar el orden público. En contraste, cuando los resultados electorales favorecen a la izquierda, la normalidad prevalece. La derecha, en su gran mayoría, asume los resultados y respeta el orden sin recurrir a la violencia como instrumento de presión política; los pocos desmanes aislados provienen de individuos torpes o de provocadores infiltrados para generar desestabilización.
Esta profunda diferencia y asimetría moral se manifiesta con total claridad en la seguridad de los líderes durante las contiendas políticas.
Recuerdo perfectamente las duras críticas hacia el presidente de Colombia por asistir a sus mítines rodeado de estrictas medidas de protección y blindajes, utilizándolo para presentarlo como alguien temeroso. Sin embargo, ese dirigente debía proteger su vida porque existían amenazas concretas de muerte en su contra. Por el contrario, el candidato de izquierda caminaba libremente y sin temores. La explicación es de pura lógica: sus seguidores jamás atentarían contra su propio líder, y los sectores de derecha no somos asesinos ni utilizamos la eliminación física del adversario como herramienta de acción política. Es en esa necesidad de protección donde se evidencia de qué lado se encuentra la inclinación hacia el daño y el mal.
No se trata de generalizar de forma absoluta; reconozco que no todos quienes se identifican con la izquierda participan de esas conductas. Muchos ciudadanos apoyan estos movimientos de buena fe, convencidos de que representan un camino hacia una sociedad más justa. Sin embargo, marchan engañados por planteamientos ideológicos que prometen justicia social, pero cuyas consecuencias reales ignoran por completo.
Los espejos de la región son dolorosos, evidentes y no admiten discusión.
Cuba, que en su momento fue una de las islas más prósperas y adelantadas del continente, hoy se hunde en un profundo deterioro económico y social, careciendo incluso de servicios básicos, como el suministro de energía eléctrica. El mismo libreto de destrucción institucional y económica lo han seguido Nicaragua y Venezuela.
Esta última nación se encuentra hoy en una transición crucial; y mi deseo ferviente es que este proceso culmine plenamente para que el pueblo venezolano rompa sus cadenas, recupere sus instituciones democráticas y vuelva a vivir en absoluta y total libertad.
La historia reciente ofrece ejemplos suficientes para evaluar cada modelo; por ello, reafirmo mi convicción de que la defensa de la libertad, el Estado de Derecho y la convivencia pacífica son los pilares indispensables para construir sociedades verdaderamente prósperas.
Dr. José Benjamín Pérez Matos
Presidente